Las Poquianchis

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El mal es una condición negativa atribuida al ser humano que indica la ausencia de principios morales, bondad, caridad o afecto natural por el entorno y los seres que figuran en él.

Aquí en “El piso 13.5” conoceremos la historia de Delfina, María de Jesús, Carmen y María Luisa González Valenzuela, cuatro mujeres que sembraron terror en México.

Las hermanas González nacieron bajo el apellido de “Torres Valenzuela”, fueron hijas del matrimonio conformado por Isidro Torres y Bernardina Valenzuela, oriundos de El Salto, Jalisco.

Su padre fue un policía que tenía el cargo de alguacil en el gobierno porfirista, era un hombre violento, prepotente, autoritario y alcohólico factor que lo orillaba a maltratar a su familia, propinándoles fuertes golpizas a su esposa e hijas; se cuenta que desde pequeñas las obligaba presenciar las torturas y ejecuciones de los presos. Por otra parte, la madre fue una fanática religiosa.

El maltrato dentro de la familia González Valenzuela alcanzó grados tan extremos, al punto que en cierta ocasión Carmen González, siendo una adolescente, se fugó de casa buscando resguardo con su novio, varios años mayor.

Su padre la buscó y tras encontrarla la golpeó y la encarceló por 14 meses de manera arbitraria en la prisión municipal.

Más tarde Isidro Torres se convirtió en prófugo de la justicia y la familia Torres Valenzuela, se vio forzada a cambiar su apellido por el de González para evitar posibles represalias y poder huir del pueblo.

Para 1935, su padre abandono a su familia para vivir una vida de fugitivo y las hermanas terminaron en un estado de pobreza lamentable, ellas habían conseguido empleo en una fábrica textil, pero los salarios que les pagaban apenas les servían para subsistir.

Para el momento de la muerte de los padres de las hermanas González, estos habían dejado una modesta herencia y con ese capital Delfina Gonzáles abrió su primer burdel ubicado en El Salto, Jalisco, este no duraría mucho ya que una riña suscitada en el lugar llamó la atención de las autoridades, que cerraron el establecimiento.

En 1954, Delfina mudo el establecimiento a Lagos de Moreno, Jalisco, durante las festividades de la feria anual celebrada en el pueblo, para establecer el negocio las mujeres contaron con el apoyo de varias autoridades corruptas. El propio alcalde dio los permisos para que el negocio operara como bar a cambio de favores sexuales.

Las técnicas que usaban las hermana para instalar los prostíbulos, consistían primeramente en hacer amistad con las autoridades para estar protegidas. En muchas ocasiones se hicieron amantes y proporcionaron dinero a funcionarios locales para asegurar que su negocio no fuera cerrado.

Manejaban prostíbulos en Jalisco y Guanajuato, donde golpeaban y sometían a sus víctimas, A su vez, se vincularon con secuestradores en toda la república para conseguir a las mujeres que iban a prostituir.

Ya instaladas en sus cabarets, “Las Poquianchis” como eran conocidas las hermanas González Valenzuela, contrataban personas para buscar adolescentes de entre 12 y 15 años de edad, para que por medio del engaño y extorsión las condujeran a sus negocios, donde una vez que entraban eran mantenidas en cautiverio.

Una vez en el burdel, las mujeres eran violadas y golpeadas para someterlas psicológicamente, inmediatamente eran puestas a trabajar, para ello “las poquianchis” les proporcionaban ropa y comida a precios arbitrarios para así generar una deuda imposible de pagar.

Cuando las mujeres rebasaban los 25 años de edad, eran asesinadas, las mandaban con un verdugo que se encargaba de dejarlas sin comida y las golpeaba brutalmente casi hasta la muerte, luego de esto eran llevadas a otra propiedad donde las enterraban vivas, a otras mujeres las arrojaba desde una azotea para que murieran al caer.

Las prostitutas más antiguas se convirtieron en cómplices de las poquianchis, funcionando como celadoras y participando en los homicidios.

El hijo de Delfina, conocido como “El Tepo”, se encargaba de supervisar a las jóvenes, de controlar la seguridad y además les pagaba a las autoridades para que no les clausuraran el lugar.

Muchas de las mujeres llegaron a enfermar y morir, si alguna de las prostitutas llegaba a quedar embarazada, se le practicaba un aborto. Además, también se asesinaron a los niños que llegaron a nacer.

La otra hermana llamada Luisa tenía sus propios negocios de prostitución en Tamaulipas y les pedía a sus hermanas que le mandarán “mercancía”.

Los burdeles generaban enormes ganancias, pero en 1962 las autoridades decidieron cerrar todos los burdeles, entonces ellas compraron el rancho “Loma del Ángel” y lo transformaron en un prostíbulo.

Finalmente, en el año de 1964, Catalina Ortega, una de las víctimas logro escapar e ir con las autoridades a denunciar los hechos, tuvo la fortuna de que esos policías no pertenecían al grupo de cómplices de Las Poquianchis.
Decenas de policías llegaron al rancho y arrestaron a algunos de los responsables, pero también se encontraron con las jóvenes desnutridas, enfermas y torturadas, encerradas en cuarto del verdugo.

Después de ser capturadas por la policía, por ser responsables de más de 100 asesinatos, las autoridades trasladaron a Las Poquianchis a Irapuato para dictarles sentencia.

Tiempo después encontraron otro negocio macabro, donde vendían la carne de las prostitutas asesinadas por kilo en un el mercado.

Estas macabras hermanas fueron sentenciadas asolo 40 años prisión por el asesinato de 150 personas, entre ellas, mujeres explotadas sexualmente, recién nacidos y clientes.

Años después María de Jesús salió de la cárcel y desapareció sin dejar rastro, Carmen murió de cáncer dentro de la cárcel, Luisa fue arrestada en Tamaulipas, terminando recluida en un manicomio; Delfina murió en una dolorosa agonía, después de que un albañil dejará caer una cubeta de mezcla sobre su cabeza por accidente.

Y así fue como terminó la más macabra historia de crimen, secuestro, prostitución y homicidio protagonizada por estas 4 hermanas “Las Poquianchis” en México.

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