En la ciudad de México se cuentan muchas historias que por lo general llenan de cultura sus calles, pero pocas veces se presta la suficiente atención a las terribles historias llenas de maldad pura, que por lo general son únicamente recordadas por los que sufrieron el brutal embate de estas oscuras situaciones.
Francisco Guerrero Pérez, nació en el seno de una familia pobre en alguna parte del Bajío en 1840, siendo el decimoprimer hijo, su infancia estuvo marcada por la pobreza, los abusos de su madre golpeadora y asfixiante, así como por la ausencia de su padre.
En 1862, a la edad de 22 años, emigró a la Ciudad de México, donde comenzaría a laborar como zapatero.
Jamás trató de ocultar su misoginia, pero estuvo casado y procreó 4 hijos con su esposa, llamada María, a parte de otros hijos más extramaritales que tuvo con sus muchas amantes, las cuales, llegaron a mantenerlo.
Vivía en la colonia de Peralvillo, se declaraba católico devoto de la Virgen de Guadalupe y presumía orgulloso haber sido sacristán en su infancia; se cree que pudo ejercer como proxeneta de sus muchas amantes, se rumoraba que todos sabían lo que hacía, pero nadie se atrevió a denunciarlo por miedo a represalias.
Siempre vestía de manera estrafalaria, pero de cierta forma elegante, usaba pantalones entallados de cachemira, fajas multicolores y chalecos de charro, las mujeres lo describían como “guapo, elegante y pendenciero”.
El Chalequero fue el primer asesino en serie del cual se tuvo registro en México, aunque no fue el primer asesino serial mexicano.
Entre 1880 y 1888, este hombre asesinó a 20 prostitutas. Las crónicas de la época lo describen como un hombre que, a pesar de ser casi analfabeto, actuaba de manera muy educada con las mujeres para ganar su confianza, pero en realidad era un ser malévolo, vil, ególatra y manipulador.
Los asesinatos concordaron con la época de Jack el Destripador, por lo que algunos periodistas lo llegaron a comparar con él, dentro de los apodos que recibió, se encuentran el de “Barbazul mexicano”, el “Destripador mexicano o del río Consulado”, o el “Degollador del río Consulado”.
Guerrero era un asesino organizado, misógino motivado por el odio y sedentario, poseía una muy marcada personalidad psicopática pues carecía de empatía, era incapaz de sentir culpa, tenía un estilo de vida parasitario, cosificaba a las personas a su alrededor, tenía una autoestima inflada, sufría de ataques súbitos de ira, era manipulador y promiscuo; pese a ello era una persona carismática que no dejaba ver su lado más oscuro, de ahí sus muchas amantes.
En su época no se prestó atención a su diagnóstico, pero su comportamiento y personalidad concuerdan con los de un trastorno errático de la personalidad. La gente lo describía como tranquilo y callado, ponía demasiada atención en su cuidado personal.
Veía al sexo femenino como un simple satisfactor desechable. Sus crímenes estaban marcados por una crueldad desmesurada con tintes sexuales, violaba a sus víctimas para poder demostrar la supuesta “superioridad y poder” que creía tener sobre las mujeres. Casi todas sus víctimas fueron prostitutas, pero a diferencia de lo que se llegó a creer, no las mataba por el hecho de serlo, sino porque ellas eran más vulnerables; prueba de ello fue que su última víctima no se dedicaba a esta práctica, sin embargo, también pertenecía a un sector poblacional vulnerable ya que fue una anciana.
Según él, las mujeres le debían una total fidelidad a su marido, el adulterio tendría que ser castigado con la muerte, consideraba especialmente pecaminosa la labor de una trabajadora sexual ya que no guardaban fidelidad hacia ningún hombre.
Es fácil intuir que su trastorno de personalidad y aversión a las mujeres, fue producto de un rechazo maternal durante la infancia, que degeneró en un complejo de Edipo no superado. Muy probablemente no conoció una imagen paterna o ésta representó el mismo patrón de la violencia contra las mujeres
La policía lo detuvo el 13 de febrero de 1888, tras ser denunciado por los vecinos de una de sus víctimas; una mujer pobre, dedicada a la prostitución, a quien asesino degollándola después de violarla; su cadáver se encontró a orillas del río Consulado.
Francisco Guerrero solo fue condenado por la muerte de una de sus víctimas y la agresión a otra, no se pudo comprobar su responsabilidad en los demás crímenes; como dictaban las leyes, fue sentenciado a pena de muerte, pero el mismo Porfirio Díaz revocó la sentencia y lo condenó a 20 años de reclusión en la prisión de San Juan de Uluá; En 1904, por error recibió el indulto.
Pocos años después de haber sido liberado, en 1908 fue aprehendido por segunda vez por el asesinato de una anciana a quien ejecutó de la misma manera que a sus otras víctimas; supuestamente el móvil del asesinato fue que la anciana “lo había hecho enojar”.
En esta ocasión “El Chalequero” había cometido múltiples errores; un niño que pastoreaba a su ganado, había sido testigo de la violación y el homicidio de la anciana, asimismo dos mujeres vieron a Guerrero limpiarse la sangre de los brazos, cara y tórax con el agua del río a unos pocos metros de distancia del crimen.
Fue recluido en la prisión de Lecumberri y sentenciado nuevamente a pena de muerte, esta vez sin que alguna autoridad interviniera, pero como si tuviera un oscuro trato con el mal, falleció antes de que la sentencia se pudiera cumplir, a la edad de 70 años.
Hasta la fecha se desconoce cuál fue la verdadera causa de su muerte.